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Recursos abundantes, resultados decrecientes

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“La ciencia económica ha demostrado que a pesar de contar recursos escasos, se pueden obtener resultados crecientes. Sin embargo, en Venezuela se ha desafiado este principio. Contando con recursos abundantes, hemos conseguido resultados decrecientes.  Un portento, pero a la inversa”.

Pedro Elías Hernández

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@pedroeliashb

Los países que han experimentado procesos denominados socialistas frecuentemente se metamorfosean. Dos o tres décadas después de iniciada su marcha hacia tales tipos de sistemas, sus gobernantes no abandonaron el poder, pero sí el socialismo.

Se produce en esas naciones cambios de naturaleza estructural en su modelo económico que introducen características propias de las relaciones de producción capitalistas.  Tal fenómeno ocurrió por ejemplo en China, Vietnam y algunas regiones africanas.

La ciencia económica ha demostrado que haciendo uso de recursos escasos se puede obtener resultados crecientes. Sin embargo, en Venezuela se ha desafiado este principio. Contando con recursos abundantes, hemos conseguido resultados decrecientes.  Un portento, pero a la inversa.

En tal sentido, como consecuencia de la destrucción que genera el estatismo económico, nuestra nación se coloca al final de la lista cuando se miden los índices internacionales de competitividad y de economía libre.  El Índice de Libertad Económica que publica la Fundación Heritage, sitúa al país en un lugar poco envidiable en atención a la apreciación que se hace en relación a aspectos situación  en materia de solidez institucional, soporte de infraestructura física, formación y capacitación, solvencia macroeconómica, seguridad jurídica, desarrollo de los mercados financieros, flexibilidad del mercado de trabajo, disponibilidad de tecnología y clima de negocios.

En países con precaria estabilidad institucional, una fórmula eficiente para alcanzar niveles óptimos de productividad y capacidad de competir es el de las regiones administrativas especiales. El concepto se orienta a fomentar allí núcleos financieros y concentraciones fabriles con inclinación al comercio exterior. Aparecen las llamadas “ciudades globales” que se han constituido en la República Popular China, en India, en Emiratos Árabes Unidos y en Singapur. Uno de los exponentes de esta exitosa fórmula es el premio Nobel de economía 2018 Paul Romer. Este catedrático acuñó la terminología de “charter cities”, que son centros urbanos con un estatuto de funcionamiento institucional particular en materia económica y además diferente al del resto de la nación a la que pertenecen.

Estos grandes espacios geográficos de negocios se rigen por una carta de autonomía administrativa que les permite establecer relaciones comerciales directas con otras regiones del mundo, al tiempo que en el ámbito de su territorio se aplican normas económicas y jurídicas distintas a las existentes en cada uno de los países. Tales normas suelen ser muy atractivas para los capitales extranjeros.  

Bajo este esquema se recupera y acrecienta la producción y se generan miles de puestos de trabajo en corto tiempo. 

La fórmula ha logrado en muchos casos convertir a regiones atrasadas en mega ciudades con vigoroso desarrollo industrial y en el área de los servicios. Ahí están varios ejemplos: el Emirato Árabe de Dubái, con la creación de sus mega parques industriales y también China, con sus Zonas Administrativas Especiales, tales como Hong Kong, Macao, Shenzhen, Guangzhou y el Distrito de Pudong de Shangai. Estas ciudades tienen cada una un régimen económico con un elevado grado de autonomía, aunque siempre bajo el amparo de la soberanía política del correspondiente Estado nacional.

Estos centros internacionales de negocios, se definen como tales según algunos parámetros, a saber: actividad económica, capital humano, intercambio de información, diversidad cultural y compromiso político. Entre las 10 primeras a nivel mundial, según el ranking que hace la Universidad de Chicago y el Chicago Council on Global, se encuentran Nueva York, Londres, París, Tokio, Hong Kong, Los Ángeles, Singapur, Chicago, Seúl y Toronto.

Para hacer viables en Venezuela los ejemplos de estas ciudades citadas, las cuales se constituyen en zonas económicas especiales con atributos geográficos determinados, se debe establecer firmemente las siguientes condiciones 1) Los derechos de propiedad a los empresarios nacionales y extranjeros, con arbitraje comercial internacional obligatorio .2) Libertad cambiaria y en consecuencia un tipo de cambio de acuerdo a valores de mercado, con  libre acceso a las divisas que se requieran para importar los insumos y materias primas indispensables para producir y para realizar las transacciones financieras que demanda un centro internacional de inversiones..3) Garantía de repatriación de los capitales, sin restricción alguna, para las empresas extranjeras que se radiquen en esas ciudades o zonas especiales. 4)  Sistema de taquilla única para los trámites gubernamentales, eliminación de trabas burocráticas, de los controles sobre la producción y sobre las ganancias empresariales, los cuales dificultan la creación de nuevas empresas. 5) Libertad de contratación laboral. 6) Exoneraciones arancelarias, fiscales o tributarias durante por lo menos 5 años. 7) Garantía de suministro energético a las empresas que se instalen en esas zonas aprovechando nuestra condición de país con cuantiosas reservas de hidrocarburos, 8) Un Régimen laboral especial y flexible. 9) Un sistema de refugio fiscal en el sector financiero, convirtiendo a estas ciudades o regiones en un receptor global de depósitos bancarios multidivisas. De esta forma se le daría gran impulso a la palanca crediticia en la zona especial.

Lamentablemente todavía estamos muy distantes de crear las condiciones de estabilidad institucional, compromiso político y clima de negocios que se demandan para que fórmulas de este tipo puedan prosperar. Si queremos que Venezuela aparezca mejor colocada en los índices internacionales que evalúan nuestra capacidad para atraer inversiones, se requiere imaginación, audacia y dejar de lado los atrasados principios ideológicos.

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