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Se está perdiendo la batalla cultural

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La violencia política

Petro y Uribe

“¿Por qué estas corrientes de izquierdas y progresistas son tan resistentes a la evidencia de su desastroso desempeño cuando les ha tocado gobernar en la región? La respuesta la encontraremos en un concepto: la batalla cultural. La lucha por conquistar la mente y los corazones de las personas es el escenario en el que mejor se desenvuelve la izquierda. Desde hace tiempo, sobre todo a raíz de la caída del muro de Berlín, estas corrientes comprendieron la conversión política que debía hacerse. El marxismo clásico había fracasado. Pero tomó su lugar el marxismo cultural, con lo cual se regeneró la oferta política del socialismo de la mano de una organización internacional fundada por Lula Da Silva y Fidel Castro: El Foro de Sao Paulo. Ideas identitarias como la ideología de género, el feminismo radical, el indigenismo, el ecologismo misántropo y otras, reemplazaron las viejas banderas asociadas a la lucha de clases”.

Pedro Elías Hernández

@pedroeliashb

El poderoso avance de la izquierda colombiana puesto de relieve por el contundente triunfo electoral de Gustavo Petro el pasado domingo, es el más reciente dato que da cuenta de la aparición de una segunda ola del socialismo del siglo XXI. Como sabemos, la primera ola fue liderada por el iniciador de esta corriente, Hugo Chávez, en Venezuela. El regreso al poder del MAS en Bolivia, el retorno del kirchnerismo en Argentina, la victoria de un líder de influencia maoísta en Perú, el triunfo del frente amplio de Gabriel Boric en Chile, la eventual reedición de un gobierno de Lula en Brasil y el ascenso al poder de López Obrador en México, quien por cierto se empieza a levantar desde el grupo de Puebla como el gran líder regional de la izquierda latinoamericana, representan una relevante señal del alcance de esta corriente, la cual, sin duda, ha prevalecido en nuestras naciones de Iberoamérica durante el actual siglo XXI.

Petro es un líder de la izquierda colombiana, cuya carrera política -de varias décadas- tiene sus orígenes en la militancia dentro de las filas de la organización insurgente M-19, un movimiento guerrillero peculiar por el hecho de no abrazar en un inicio el credo marxista, como la mayoría de las organizaciones de este tipo en la propia Colombia y América Latina, pero sí profesar un sentimiento nacionalista de contenido bolivariano y a la postre de inclinación socialista.

Este singular movimiento insurgente colombiano saltó a la fama por sus espectaculares y muy controversiales acciones armadas en los años 80 del siglo pasado. Tuvo el acierto, una vez caído el bloque soviético, de reconvertirse con una reingeniería política, que una vez desmovilizada y pacificada, fue tremendamente influyente al promover y ser la principal fuerza política en la Asamblea Nacional Constituyente colombiana de los años 90. No pudo mantener ese impulso político y se fue disolviendo, pero el más coherente, talentoso y perseverante de sus líderes, Gustavo Petro, ha coronado su esfuerzo al alcanzar el poder en esa nación.

¿Cómo se explica tal fenómeno? ¿Por qué estas corrientes de izquierdas y progresistas son tan resistentes a la evidencia de su desastroso desempeño cuando les ha tocado gobernar en la región? La respuesta la encontraremos en un concepto: la batalla cultural.

La lucha por conquistar las mentes y los corazones de las personas, es el escenario en el que mejor se desenvuelve la izquierda. Desde hace tiempo, sobre todo a raíz de la caída del muro de Berlín, estas corrientes comprendieron la conversión política que debía hacerse. El marxismo clásico había fracasado. Pero tomó su lugar el marxismo cultural, con lo cual se regeneró la oferta política del socialismo de la mano de una organización internacional fundada por Lula Da Silva y Fidel Castro: El Foro de Sao Paulo. ideas identitarias como la ideología de género, el feminismo radical, el indigenismo, el ecologismo misántropo y otras, reemplazaron las viejas banderas asociadas a la lucha de clases.

Sin duda, el acierto consistió en tomar las enseñanzas del brillante pensador marxista italiano de principios del siglo XX de nombre Antonio Gramsci, que habla del asunto de la hegemonía cultural como algo más importante que la hegemonía económica. Afirmaba Gramsci que la toma del poder cultural debe ser primero que la toma del poder político.

Pues la izquierda ha tomado el poder cultural en Latinoamérica. Los principios y valores que profesa han permeado los sistemas educativos. En muchos aspectos, la educación, ya sea impartida de forma pública o privada, ha sido colonizada por las ideas del ahora autodenominado progresismo.

Realmente, no es tanto la prédica socialista lo que ha avanzado de manera avasallante en la región, sino más bien una cultura hostil al capitalismo liberal, que, por cierto, tiene sus remotos orígenes en una parte de nuestra herencia hispánica de contenido señorial, reñida con los hábitos del trabajo, la competitividad, la innovación, el ahorro y la inversión.

Otro aspecto que queda al descubierto a la luz de esta segunda ola izquierdista en el continente, es lo políticamente incompetentes que se muestran los liderazgos pro liberales y de derecha en los países de la región. Con la sola excepción de Argentina, en donde Javier Milei y José Luis Espert han hecho un trabajo de divulgación y de organización política de las ideas de la libertad, los sectores que promovieron reformas de mercado en sus respectivos países, han perdido sin atenuantes la batalla cultural. ¿Por ignorancia?, ¿por negligencia? No. Por complejo. Los Uribe, los Duque, los Sánchez de Lozada, los Quiroga, los Piñera, los Bolsonaro, los Macri, los Kuczynski, los Fox, los Calderón y los Pérez que han podido gobernar en Colombia, Bolivia Chile, Brasil, Argentina, Perú, México y en Venezuela, le pavimentaron el camino a una poderosa reacción de izquierda en el continente, que ahora vuelve por sus fueros.

Agustín Laje, un joven intelectual y escritor argentino, expone en su libro, “La batalla cultural, hacia una nueva derecha” que el problema de las corrientes políticas que aspiran oponerse al socialismo del siglo XXI, es que les avergüenza asumir claramente las ideas asociadas al capitalismo, al liberalismo. “A la izquierda no le da pena calificarse de tal, mientras que los que abrazan la cultura del liberalismo y la economía de mercado, les da vergüenza llamarse de derecha”, dice con razón Laje.

Hasta que no haya la determinación por parte de los amantes de la libertad de divulgar masiva y sistemáticamente los principios la libertad, propiedad, mercado, gobierno limitado e igualdad ante la Ley, no se podrá revertir la hegemonía avasallante que las ideas que profesan los socialistas de todos los partidos han logrado en décadas de eficiente adoctrinamiento. Sin duda, se está perdiendo la batalla cultural

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