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Tendencias petroleras

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“A pesar de los problemas derivados de la pandemia y la continuación de las restricciones por COVID 19 en China, los pronósticos sobre el precio internacional del crudo y de la demanda son buenos. En la actualidad el barril Brent se sitúa en USD 83 por barril y para 2023 se estima un impacto menor en los precios por las tendencias recesivas de la economía. De esta forma la cotización del Brent, de acuerdo a los analistas, se calcula en USD 93 por barril como promedio para el año que viene. La crisis de Ucrania seguirá siendo un factor a tener en cuenta, sobre todo por el escalamiento de las restricciones internacionales al petróleo ruso. El consumo en los mercados globales pasará de los 90 millones de barriles diarios de 2020 a los 108 millones de barriles por día en 2030”.

Pedro Elías Hernández

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@pedroeliashb

La producción petrolera venezolana muestra un proceso de declive sostenido en la última década. Según un estudio realizado por la Universidad de Columbia en EE.UU y en base a cifras aportadas por la OPEP, de una producción de 2.800.000, barriles diarios que se alcanzaba en 2011, ya para el año 2016 esta cifra era de 2.300.000b/d.  Este rendimiento decreciente en la producción de crudo se acentúa a partir del año 2017 como consecuencia del cierre del crédito internacional a PDVSA a propósito de su insolvencia (deuda financiera de 80 mil millones de dólares), sus graves problemas de flujo de caja, la operatividad de la empresa orientada a cuestiones de orden social y políticas (PDVSA se convirtió en una mega agencia de asistencialismo social) y de las sanciones económicas iniciadas por la administración de Donald Trump. Todo esto llevó a que la producción petrolera al cierre de 2020 se ubicara en aproximadamente 523.000 b/d según fuentes secundarias citadas por la OPEP. En la actualidad, noviembre 2022, la extracción de crudo en Venezuela se ha recuperado, pero se encuentra estancada en unos 700.000 a 750.000 barriles diarios, lejos de los 2 millones de barriles por día que prometió el gobierno del presidente Maduro.

Refinación

La parte de refinación nacional muestra una tendencia de declive. De poseer una capacidad instalada de cerca de 1.300.000 b/d, con sus 6 refinerías a saber: Complejo Refinador de Paraguana de 940.000 b/d (Refinería Amuay y Cardón), El Palito, 130.000 b/d, Bajo Grande, 15.000 b/d, Puerto La Cruz, 200.000 b/d y San Roque, 5.000 b/d, en la actualidad, según fuentes independientes, se producen 80.000 b/d, para abastecer una demanda interna de combustibles líquidos de cerca de 200.000 b/d. Venezuela está importando de la República Islámica de Irán volúmenes significativos de  gasolina y gasoil que para compensar su déficit interno. 

Debido a las sanciones económica internacionales y la dificultad de importar lo que se requiere para repotenciar las plantas de refinación, se ha producido un proceso de “caníbalización” al utilizarse equipos de algunas instalaciones para reemplazar a los dañados en otras. Han logrado por esta vía poner a funcionar algunos procesos en las fases de producción, pero en lo que respecta al craqueo catalítico o de conversión profunda, capaz de transformar los crudos medianos y pesados ácidos (que son del tipo predominante de la dieta que alimenta la mayoría de estas refinerías venezolanas) ha habido graves dificultades técnicas.

Inversión para la recuperación

Según analistas y expertos petroleros de distintas corrientes políticas, se demandan entre USD 20.000 a USD 30.000 millones anuales durante un período de al menos 6 años para llevar la refinación interna en Venezuela a niveles de más de 1.000.000 b/d. 

Para la recuperación de la producción de crudo en la industria de los hidrocarburos nacional, se requiere de un capital intensivo de unos USD 25.000 millones anuales. Según la empresa proveedora de servicios petroleros Halliburton, se necesita al menos 90 taladros de perforación en plena operación para llevar la producción a unos 2.500.000 b/d en 4 años. 

Recuperación de la demanda mundial

A pesar de los problemas derivados de la pandemia y la continuación de las restricciones por COVID 19 en China, los pronósticos sobre el precio internacional del crudo y de la demanda son buenos. En la actualidad el barril Brent se sitúa en USD 83 por barril y para 2023 se estima un impacto menor en los precios por las tendencias recesivas de la economía. De esta forma la cotización del crudo Brent, de acuerdo a los analistas, se calcula en USD 93 por barril como promedio para el año que viene. La crisis de Ucrania seguirá siendo un factor a tener en cuenta, sobre todo por el escalamiento de las restricciones internacionales al petróleo ruso. 

Respecto a la demanda se mundial, la misma pasará de los 90,7 millones de b/d en 2020, a los 100 millones b/d para 2022, 102 millones b/d en 2023 y 108 millones de b/d en 2030 (de acuerdo a la Agencia Internacional de Energía y la OPEP). En tal sentido, se hacen auspiciosas las posibilidades de Venezuela y su industria petrolera para captar una porción de las inversiones requeridas de capital intensivo derivadas de este aumento del consumo de energía fósil, si se flexibilizan o suspenden las sanciones económicas que pesan sobre el país. Estamos hablando de un incremento de más de 10 millones de barriles por día en los próximos 8 años. De esa cantidad, Venezuela puede aspirar, por sus atributos geográficos (a 5 días de navegación de la costa este de EE.UU) y por sus inmensas reservas petrolíferas probadas, morder una parte importante de ese incremento de demanda.

Reformas en Venezuela

PDVSA y el Estado venezolana no disponen de los recursos de uso intensivo de capital, por lo que se requiere de la inversión de compañías extranjeras para levantar la actividad petrolera interna. Pero con el marco legal existente de acuerdo a la Ley Orgánica de Hidrocarburos del año 2001 que establece obligatoriamente una participación accionaria mayoritaria del Estado venezolano en las asociaciones y empresas mixtas, es difícil conseguir atraer esos capitales. De allí que el gobierno del Presidente Nicolás Maduro esté estudiando una reforma en la legislación petrolera que cambien ciertos arreglos institucionales vigentes.

PDVSA ha venido experimentando desde hace años un proceso de redimensionamiento. En otras palabras, se ha venido achicando considerablemente en tanto corporación. A nuestro juicio la tendencia es a regresar a un esquema más parecido al que había antes de la nacionalización del petróleo de 1976. Bajo la fórmula de las empresas mixtas, en la práctica se irá privatizando el negocio petrolero en Venezuela, sólo que la comercialización se hará mediante acuerdos de Estado a Estado o por medio de intermediarios privados que cobrarán su comisión por la colocación de los crudos. Dicho de otra forma, se irá sistemáticamente a un proceso de pérdida de protagonismo de la estatal petrolera venezolana. Serán los consorcios privados o de propiedad estatal de otras naciones, como China y Noruega, quienes tendrán en sus manos la producción de crudo en Venezuela. El Estado en Venezuela se limitaría a cobrar su Impuesto Sobre la Renta y las regalías (impuesto patrimonial por extracción).

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