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Una renta básica universal dolarizada

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Pedro Elías Hernández

@pedroeliashb

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“Si de criterio de autoridad se trata, las consideraciones que está haciendo el candidato presidencial independiente del Movimiento Lápiz Antonio Ecarri con su planteamiento de “Mi barril” y una renta básica universal dolarizada se fundamentan en propuestas muy serias formuladas en su momento por los premios Nobel de Economía Douglass North y Vernon Smith. También por la Asociación Civil Petróleo para el Pueblo y por académicos venezolanos de centros de estudios como el IESA.  Las buenas ideas hay que sacarlas de los libros y llevarlas al pueblo”.

Cordialmente a Ibsen Martínez.

Leímos con atención tu reciente columna publicada en el diario El País de España bajo el título de “Mi barril”. A propósito del tal texto queremos exponerte algunas consideraciones.

La renta petrolera constituye para Venezuela un ingreso de naturaleza externa. De allí que tal provento poco tiene que ver con la marcha de nuestra economía interna. En términos de intercambio internacional y utilizando una expresión mexicana, representa una suerte de “venganza de Cuauhtémoc” al provocar un “derrame” de petrodólares desde los centros metropolitanos de poder mundial hacia las naciones periféricas.

El petróleo siempre ha sido motivo de admoniciones. Arturo Uslar y Juan Pablo Pérez Alfonzo hicieron inútilmente alertas tempranas acerca de sus implicaciones económicas y políticas. Pero no fueron sólo ellos. Otro brillante venezolano, Alfredo Maneiro, también sumó argumentos. Frente al sobre ingreso fiscal de los hidrocarburos ocurrido en los años 70 del siglo pasado, propuso reducir drásticamente la producción de crudo en el país a volúmenes que no indigestaran su sociedad ni pervirtieran el alma nacional. 

El padre de la OPEP y el fundador de La Causa R fueron especialmente denostados y señalados como personajes delirantes. Desdeñosamente se les calificó como “profetas del desastre” 

Los guarismos hablan por sí solos. A dólares constantes de 1998,  Venezuela recibió, desde 1975 a 2021(según datos del BCV y FMI) aproximadamente más de un millón de millones de dólares por ventas de crudo. Luego de semejante aguacero de riqueza, la nación asoma un saldo de 6 millones de compatriotas buscando sobrevivir fuera del país y de 350 mil millones de dólares de origen venezolano depositados en cuentas de bancos en el extranjero. Personas y capitales corrieron a buscar refugio en otros lugares. El “petroestado” -apropiada categoría acuñada por la catedrática Terry L. Karl- se convirtió en un arma de destrucción masiva de riqueza.

“Después de ojo sacado no vale Santa Lucia”, reza la frase popular. Hablemos pues de lo que tenemos en el horizonte. Se estima conservadoramente que, por ingreso fiscal petrolero, Venezuela recibiría durante los próximos 20 años cerca de 400 mil millones de dólares levantando las sanciones económicas que sobre ella pesan y elevando su producción de crudo a más de 2 millones de barriles diarios a un precio de realización US dólar 60 por barril. No es ocioso hacernos dos preguntas: ¿qué destino le será reservado a estos cuantiosos recursos? ¿Se permitirá que suceda lo mismo que ya ocurrió?

Es menester promover un cambio verdadero. Una alternativa viable sería asignar de inmediato entre todos los venezolanos mayores de edad títulos de participación petroleros que permitan disfrutar directamente a cada ciudadano de los beneficios económicos que dispensa la renta de los hidrocarburos. El valor en dólares de tales títulos será redituable sólo en servicios de educación, salud, y ahorro para sistemas previsionales de pensiones o de retiro.

La idea es crear un mecanismo de capitalización popular de la renta petrolera conformado por la totalidad de los ingresos correspondientes a las regalías y los dividendos que declara PDVSA. Esos ingresos se destinarán en parte a un vasto sistema de ahorro nacional de carácter individual y privado para cada venezolano sin excepción.

La renta de los hidrocarburos también financiará planes familiares de educación y salud mediante vouchers, nominados en dólares que serán canjeados por servicios de educación dentro del sistema de enseñanza básica, ya sea en una institución pública o privada de preferencia. Igual para costear un seguro médico privado, atención de enfermedades crónicas, consultas, medicamentos, o afiliarse a un sistema pre-pagado de salud de libre selección. 

Incrementándose la demanda, se mejora la oferta por economía de escala y competencia. Los precios de atención médica y educación tenderán a bajar y la calidad a subir. Exactamente lo contrario de lo que ocurre ahora.

Hablamos de una renta básica dolarizada no condicionada y por tanto universal con cargo a fondos actualmente monopolizados por los gobiernos y los políticos. Esos recursos se asignarán en dólares y no en bolívares. Es la hora de titularizar a millones de venezolanos respecto a la propiedad sobre la riqueza del subsuelo. 

El candidato presidencial independiente del Movimiento Lápiz Antonio Ecarri con su planteamiento de “Mi barril” y de una renta básica universal dolarizada, se inspira en propuestas muy serias formuladas en su momento por los premios Nobel de Economía Douglass North y Vernon Smith. También por la Asociación Civil Petróleo para el Pueblo y académicos venezolanos de centros de estudios como el IESA. Las buenas ideas hay que sacarlas de los libros y llevarlas al pueblo.

Calculando a razón de valores presentes, de 4 mil a 6 mil dólares anuales recibiría directamente cada familia venezolana, dependiendo de precios y volúmenes de producción de crudo. Tal cifra significaría un incremento de entre 100 y 200% respecto a los actuales ingresos anuales de los precarizados hogares venezolanos.

“Mi barril” promueve un conjunto de poderosos incentivos institucionales y morales con impacto positivo en la economía. La propuesta crea un marco normativo que pone límites al rentismo discrecional de los gobiernos. Las buenas instituciones forjan el carácter de los pueblos.

Mucha demagogia se ha hecho a nombre del petróleo. El oficialismo y cierto sector de la oposición se parecen mucho en las añagazas que inventan para ganar favor popular. La llamada tarjeta “Mi negra” fue una de ellas. 

Esa viciosa idea opositora tuvo su versión revolucionaria.  Los cupos de divisas para viajeros al exterior que se obtenían “raspando” las tarjetas de crédito venezolanas en los puntos de venta de La Habana, Quito, Curazao, Aruba, Bogotá, Cúcuta, Panamá, Miami, etc. Los petrodólares adjudicados a precio preferencial se vendían luego en el mercado paralelo por varias veces su valor oficial en bolívares.

Pero el mayor volumen de captura de renta petrolera por grupos privilegiados se efectuó adjudicando groseramente divisas preferenciales para importaciones fantasmas o sobrefacturadas.  Una rapiña colosal.

La industria petrolera venezolana en general deberá abrirse cada vez más a la masiva inversión privada, tanto extranjera como nacional, sea asociada o no a PDVSA. Tales reformas hay que hacerlas pronto, ya que la era petrolera reduce su longevidad.

Hoy más que nunca continúa vigente aquella idea fuerza que formulara el profesor Asdrúbal Baptista: “El futuro de Venezuela no está en la renta petrolera, pero sin la renta petrolera Venezuela no tiene futuro”.

Espero Ibsen, podamos intercambiar ideas. Estoy seguro que los promotores de “Mi barril” están interesados en debatir a fondo estos temas.

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