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Se debe garantizar una investigación imparcial sobre la muerte del niño Santiago Guerrero 

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El pasado martes 1 de noviembre un hecho consternó a toda Venezuela. La fundación venezolano-Alemana Colegio Humboldt informaba en un comunicado público que el niño Santiago Guerrero, estudiante de dicha institución, había perdido la vida luego de caer de una azotea de forma accidental.

El menor de edad, según información de los familiares, sufrió traumatismo craneoencefálico, luego de caer de una altura aproximadamente de 7 metros, donde se encuentra una caja de arena diseñada para que los más pequeños pudiesen tener un lugar de esparcimiento al aire libre. 

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De inmediato el Ministerio Público, designó a la Fiscalía 109° del Área Metropolitana de Caracas para investigar la muerte, informó el fiscal general Tarek William Saab en Twitter.

Luego de las pesquisas correspondientes, las autoridades informaron que tanto Uta Martini y Arianna Arcia, directora y coordinadora del preescolar de la institución respectivamente, serían imputadas con el cargo de homicidio culposo por el lamentable hecho. 

Ante este escenario, el abogado y coordinador general de Cecodap, Carlos Trapani, lamentó en primer lugar el fatídico hecho donde un pequeño resultó muerto, sin embargo, pidió una investigación clara e imparcial para determinar las responsabilidades penales. 

“Lamentamos este hecho y es importante respetar el dolor de las familias afectadas y de toda la comunidad educativa. Hay que evitar juicios o comentarios sin la debida información. Conocer los hechos desde las voces de las autoridades educativas permitirá entender lo ocurrido”, explicó. 

Añadió que “Se debe realizar una investigación expedita, exhaustiva e imparcial que permita identificar responsabilidades frente a este hecho. Se debe garantizar el debido proceso, pero a su vez aplicar las sanciones que correspondan si fuese el caso”.

El también defensor de Derechos Humanos, recordó que la Ley Orgánica de Educación vigente establece la responsabilidad penal de los docentes y las autoridades de las escuelas y colegios, en caso que sea necesario. 

“Es importante saber que la Ley Orgánica de Educación del año 2009 reconoce la responsabilidad civil, administrativa y penal por el desempeño de los docentes y sus autoridades. Trabajar con niños no es fácil, implica extremar precauciones y garantizar espacios y actividades seguras”, comentó. 

Trapani recomendó que los colegios deben incorporar como prácticas recurrentes un mecanismo de análisis y valoración de riesgos, así como, medidas de mitigación. 

“También es importante disponer de protocolos de atención en casos de emergencia que sean de conocimiento público”, dijo. 

Expresó igualmente que en estos momentos tan difíciles es indispensable el acompañamiento psicosocial a la comunidad educativa, especialmente a los compañeros de clase y los docentes. “Es importante validar las emociones y promover espacios de apoyo”.

Sostuvo que las familias directamente afectadas tienen derecho a la justicia y a conocer la verdad de los hechos. Asimismo, deben ser tratadas con todo respeto, valoración y consideración en estos momentos tan complejos.

“Este hecho debe obligarnos a realizar una profunda reflexión sobre nuestro rol como adultos y los mecanismos para garantizar espacios seguros. También es importante formar a los niños sobre temas relacionados a riesgos, protección y mecanismos de autocuidado”, concluyó el especialista. 

Es necesario establecer las responsabilidades

Familiares de Santiago Guerrero, pidieron a la institución que se responsabilice por el accidente ocurrido el pasado martes.

«Más allá de que se tomen los correctivos para que esto no vuelva a suceder y no desarticulen otra familia, aquí lo más importante es que se asuman responsabilidades. Nos hemos acostumbrado a que la impunidad sea el día a día de nuestra frágil sociedad. Aquí tienen que pagar los autores. Pero no solo es responsabilidad del colegio. ¿Quién otorgo permisos para tener un parque en una azotea? Aquí hay una suma de responsabilidades», manifestó Carmen Julia Pereira, tía abuela del menor de edad.

En declaraciones a la periodista Shirley Varnagy para el Circuito Onda, Pereira señaló que hasta los momentos no han recibido por parte de la institución educativa una versión oficial de lo ocurrido.

Explicó que se han enterado de parte de lo sucedido gracias a lo que han podido contar a sus padres los otros niños que se encontraban en el lugar cuando cayeron los niños.

“La madre de uno de los niños nos contó que cuando Santiago y su amiguito se subieron a la claraboya fueron los niños los que les gritaban que se bajaran de allí. Y cuando se cayeron fueron ellos también los que alertaron a los adultos lo sucedido. ¿Dónde estaban las maestras? Si vez las fotos los niños tienen que saltar un murito para llevar hasta la claraboya”, dijo Pereira.

Reclamó que el colegio no informó de manera oportuna a los familiares sobre lo ocurrido y que la madre del niño se enteró del accidente varias horas después, luego de que la representante del otro menor involucrado la contactara por teléfono.

“La madre de Santiago se encontraba esperando al niño en la puerta del colegio pasadas las 11:30 am, como todos los días. Fue casi a las 12 que la mamá del otro niño la llamó para informarle que Santiago estaba en la clínica. Y tiempo después otra persona de la administración de la institución la llamó para decirle que el niño estaba estable. Al llegar a la clínica los médicos le informaron que estaba en coma inducido. El niño llego con muerte cerebral”, relató.

Reveló igualmente que en la clínica solo estaba la enfermera del colegio, quien se mostraba muy consternada. “Ella sabía que el niño no iba a sobrevivir, y una representante le dijo que se callara. Las autoridades del colegio se apersonaron después del revuelo en redes sociales”, agregó.

“Santiago fue quien pagó toda la irresponsabilidad de que el preescolar esté en una azotea con claraboyas”, puntualizó. 

Un problema de ingenieros y arquitectos

Un representante de la empresa especializada en arquitectura Simbiosis Group, realizó un pormenorizado análisis del accidente ocurrido en el Colegio Humboldt de Caracas, explicando la importancia que tienen los arquitectos e ingenieros a la hora de realizar cualquier modificación a las estructuras de las edificaciones. 

“Lo primero que hay que decir es que los ingenieros y arquitectos son pieza clave en este asunto. El problema inició en 2017 cuando alguien decide poner en la azotea del edificio un arenero para que los niños más pequeños tengan un espacio al aire para ir y jugar. ¿Pero consultaron a un ingeniero o un arquitecto para ese cambio?, definitivamente no, simplemente buscaron unos herreros y pusieron unas barandas altas para que los niños no se cayeran por el borde del edificio y al no consultar esto con nadie calificado también cometieron otro error”, comentó el directivo en redes sociales. 

Precisa que el edificio original construido en 1992 por el arquitecto Omar Seijas no tenía ningún parque en la azotea, pero si contaba con jardineras y claraboyas para aprovechar así la luz natural. 

“Al borde interno que era una jardinera que contiene unas claraboyas para la iluminación natural del espacio del edificio, simplemente le subieron el antepecho para evitar que los niños alcanzaran una zona, sin embargo, fue por allí por donde se subieron los niños”, precisó el arquitecto. 

Finalmente, explicó que esta situación es un ejemplo cotidiano, “lamentable de la importancia de no hacer modificaciones al uso de los edificios, sin que los profesionales responsables tengan participación. Los arquitectos e ingenieros estamos calificados para predecir este tipo de situaciones”, argumentó. 

El último adiós

Los familiares y amigos de Santiago Guerrero, le dieron su último adiós con dibujos y globos blancos que se elevaron por los aires durante su sepelio.

En el funeral que se realizó este viernes en el Cementerio del Este en Caracas, el padre del menor presidió el acto claramente consternado. Se aferró a una carpeta que sostenía en sus manos.

 Cuando comenzó el velorio, la Capilla XII estaba adornada con coronas de flores blancas. En ese momento, sus padres, parientes y otros amigos cercanos y familiares comenzaron a rodear el modesto ataúd.

Los dibujos de los amigos del menor se los entregaron a su madre. Y aunque había mucha gente presente, el silencio reinó, según los asistentes al sepelio. 

 El medio Caraota Digital reseñó que algunos padres expresaron que no se sentían seguros de enviar a sus hijos de regreso al Colegio Humboldt, y que ha sufrido mucho por la tragedia en su reputación.

 Vale destacar que el Colegio Humboldt se encargó de cubrir los gastos del funeral y el entierro.

 Con respecto a la institución, un familiar dijo que parecía “inútil” proceder con una demanda contra el plantel, pues el hecho ya ocurrió y no le pueden devolver la vida al pequeño.

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