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Cerro de desperdicio y un perro muerto incomoda a la gente, mientras la municipalidad de Tucupita lo ignora

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Dos cerros de escombros permanecen en el centro de Tucupita desde hace cuatro semanas, lo que dificulta paso del agua y genera malos olores, y en los últimos días se ha complicado, denunciaron vecinos de la Av. Arismendi en la capital del estado Delta Amacuro.

Solo los niños se atreven a pasar por el lugar, incluso, bromear con saltar por encima del basurero improvisado.

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Este cerro de basura está ubicado justo al lado de la catedral Divina Pastora de Tucupita, la estructura más icónica del catolicismo y la más grande en aforo de toda Venezuela, según ha asegurado el Mons. Ernestro Romero, Vicario Apostólico de Tucupita.

De acuerdo con los residentes del sector, la basura es parte de los escombros que recogió la municipalidad en varias zonas cercanas y fueron “arrumándolos” en el lugar donde ahora permanece.

En principio sería un punto de recolección de basura temporal, pero con el paso de los días, ya ha cumplido cuatro semanas, según los residentes de la zona.

Cuando llueve, efectivamente los escombros no permiten que haya una circulación por drenajes que también están obsoletos como parte de una vieja estructura construida en la década de los 40.

Este cerro de basura ha empeorado la condición crítica que presenta la red de drenaje desbordado por todo tipo de objetos que han sido dejados en el lugar por los peatones.

Durante esta semana, los habitantes de la zona en cuestión denunciaron que un perro muerto fue arrojado por algún desconocido y la descomposición natural está incomodando mucho: “el perro se pudrió y está corriendo ese olor feo”, narró Vianca Moreno, una persona de la tercera edad que vive cerca de la icónica estructura.

Por suerte no hay actividades escolares, porque solo al cruzar la calle se ubica la escuela primaria Alejandro Petión, una institución donde asisten una alta cantidad de niños que se verían afectados por las inundaciones que causan los escombros, y el mal olor que desprende el animal muerto y tirado en el cerro de desperdicio.

Foto: Eudo Torres

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