El hambre es la única que cumple la cuarentena con rigor en el estado Zulia, se queda en las casas de las familias quienes perdieron la posibilidad de recibir remesas desde el exterior.

Carolina Leal es viuda y sus dos hijos desde Colombia la ayudaban, con eso y lo que conseguía al día lograba comer. Cuando el hambre toca a su puerta hace su llamado de auxilio, usa su teléfono con la poca señal disponible para hablar con sus hijos.

«Papi necesito tu ayuda que me ayudeis no tengo para la comida» dice cuando la situación se le pone mas difícil.

Las comunicaciones son malas, con gran dificultad logra hablarles. La pandemia paralizó al planeta dejando efectos devastadores, unos países están mas afectados que otros, pero cuando hablamos de Latinoamérica la cosa es seria.

Carolina asegura que sus hijos hacen su mayor esfuerzo. «Tuvieron que pagar comida que sacaron fijada para poder sobrevivir allá ellos pagaron arriendo ellos me dicen a mi mami no le vamos a mandar plata hasta después de diciembre porque apenas hasta diciembre es que vienen saliendo de deuda».

El gobierno de Maduro a través de las llamadas cajas CLAP busca reducir la hambruna, una tarea que lleva décadas en proceso de solución, y es que según Caritas de Venezuela el Zulia encabeza las estadísticas de mortalidad infantil y materna, esto antes de la cuarentena, algunos le perdieron el miedo a virus y salen a quejarse, el subsidio alimentario tarda meses en llegar.

Ana Castillo simplemente dijo que prefería morir de Covid-19 que de hambre, «entonces que vamos a hacer nos vamos a morir de hambre dicen quédense en casa nos vamos a quedar que muriéndonos de hambre» afirmó.

La mayoría de los venezolanos viven de labores diarias adicionales que les permiten ganar algo de dinero. El sueldo mínimo mensual es de 5 dólares y la canasta alimentaria supera los 300 dólares.

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