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Pacientes en refugios del Zulia: “Sufrimos más por la cuarentena que por el virus” (+Video)

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A través de las redes sociales, desde que inició la pandemia, se dieron a conocer videos desde todas partes del mundo donde el virus impactó con fuerza. Testimonios desconcertantes  de muerte y casos de familias que perdían a sus seres queridos, médicos que lloraban a sus pacientes y compañeros fallecidos, cientos de videos virales.

En Venezuela, la situación del virus va a la par con una crisis social y de servicios públicos, tan evidente, que ocultarla o negarla representa ser todo un acto de descaro.

Y es que en nuestro país la cuarentena parece ser peor que el Covid-19 en si mismo, con todos sus síntomas, incluida la muerte.

Desde que inició la llamada cuarentena social, colectiva y voluntaria, aunque en el resto del planeta se le denomina simplemente cuarentena, se decidieron tomar espacios privados para albergar a pacientes con el virus y sospechosos de portarlo. 

En los llamados PASI, nombres que se le dan a los refugios en hoteles, moteles, hostales y en las zonas fronterizas del país, hay personas recluidas allí en calidad de pacientes, ciudadanos a quienes se les prometió atención oportuna, muchos no querían ir hasta ellos, pero a la final fueron convencidos algunos, otros obligados.

En definitiva convirtieron esos espacios en sus casas temporales, nada parecido al propio hogar, ni cerca se atreven a decir algunos.

Los Palmar perdieron a uno de sus integrantes hace casi dos meses, desde ese mismo momento también a la abuela y otros tres miembros de la familia, quienes fueron llevados a los hostales, La Montañita y El Gardenia.

Sindy Garcia Palmar es una joven Wayuu delgadita que aparenta fragilidad, solo la aparenta, tiene una fortaleza enorme. Un día caluroso para la entrevista, pero más podían las enormes ganas y determinación que tenia de denunciar la situación de su familia. 

Para ellos, la llegada del virus fue una pesadilla que empezó con la muerte de Raúl Palmar de 46 años de edad, el mismo día en que se llevaron a Raúl y también a varios miembros de su familia.

Desde ese momento hasta ahora ya han transcurrido dos largos meses. Sindy contó detalladamente todo lo sucedido en todos estos meses, lo que le dijo el director del CDI para lograr se fueran voluntariamente sus parientes, “tendrán todo lo necesario tranquilos” mencionó.

En especial la abuelita de 72 años, quien era la más resistente en dejar la casa. Dos de sus cuatro parientes están enfermos por otras patologías, quizás derivadas del encierro prolongado. Cada cosa que se necesita en el llamado PASI, medicamentos e insumos, los compran ellos con gran esfuerzo comentaba.

Una vez al ver una alocución de un representante gubernamental, quien instaba a las personas “ir libremente y con confianza a los espacios instalados durante la cuarentena porque estaban dotados de todo lo necesario”,  se quedó viendo el televisor luego de ver y escuchar, no sabía si reir o empujar el aparato. 

 “Eso es mentira, a veces ni agua hay en el Motel donde está mi familia” contaba. 

Lo peor es que dicen no entender cómo la concejal de Maracaibo Arly Gonzalez, quien por cierto también es indigena, no los apoyó cuando lo solitaron, inclusive hasta los botó de su casa.

Sindy antes de la entrevista pidió que se denunciara todo, y no quería ocultar su nombre, esto para poder señalar con nombres y apellidos a las personas, en especial a la estudiante de Medicina Integral Comunitaria, Urianis Boscán,  quien le negó la asistencia a una de sus familiares debido a una queja previa.

“Nadie se merece padecer lo que en estos momentos viven y sufren los pacientes en los PASI, ni a mi peor enemigo se lo deseo”, señaló.

Bajan a los patios de los moteles y los cuentan, así notan cuando alguien falta, asi se dieron cuenta de cómo siete personas que tenían más de mes y medio esperando los resultados de sus pruebas del Covid 19, decidieran salir en la madrugada sigilosamente sin ser vistos.
 No es el primero de los casos, y quizás tampoco sea el último de ellos.

Mayerling Rincón es familia de Sindy, está casada con su hermano, ella es una de los parientes que está en el PASI de El Gardenia en Maracaibo.

Presentó una infección bucal y el odontólogo no llegó, solo están los médicos integrales, y hasta cierto punto. Le aplicaron una inyección de medicamentos que llevó la familia al motel, los “galenos” no quisieron entrar a su cuarto y la ampolla se la colocaron debajo de la escalera de pie.  

Otro caso es el de Ángel Martínez, un venezolano que está recluido en el hospital universitario de Maracaibo, su familia vive en Machiques de Perija y trasladarse desde esa ciudad hasta el hospital es difícil, imposible hasta cierto punto, ésto por la escasez de combustible. 

Él si está a la disposición total del sistema de salud venezolano. Asegura que pocas veces ve a un médico o enfermero, pasa horas en ocasiones sin agua ni comida, como en los casos anteriores, la incidencia del Covid-19 no es nada, ni sus síntomas, comparándolos con la cuarentena en si misma.

En la actualidad en el eje metropolitano de Maracaibo que lo componen los 4 municipios más poblados del Zulia, hay no menos de 30 hoteles y moteles en manos de las autoridades regionales, sin agregar la sede de la UNES y el Palacio de Eventos, en todos hay pacientes.

En los hospitales centinelas hay personas recluidas con síntomas y sin ellos, que por cierto, también aseguran que no reciben atención.

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